cámara lenta

A CÁMARA LENTA. Viernes 7 de junio de 2019, Francia. Fecha y sitio marcados en rojo. Día del comienzo del Mundial. Ahí estará España, salvo catástrofe, en su segunda participación consecutiva tras el torneo de Canadá 2015. La diferencia es que esta vez participar, como entonces, ya no será un premio para disfrutar. En Francia disfrutaremos compitiendo y sin ponernos techo, porque esta selección no lo tiene. Muestra de ello son las dos victorias ante Finlandia (0-2) y Austria (0-1). En Helsinki dominamos, tuvimos paciencia, manejamos el partido. En Viena demostramos esa madurez competitiva propia de los grandes equipos.

El cambio en estos cuatro años ha sido brutal, comenzando por el banquillo. La llegada de Jorge Vilda ha sido un soplo de aire nuevo, una revolución en la metodología de trabajo. Y ahí están los resultado. Cinco de cinco en el grupo VII de la UEFA. 15 puntos en nuestro camino hacia la clasificación a la cita mundialista. Pero no nos quedemos solo en el resultado, el cambio de esta selección es global.

Fue sorprendente, a la vez que arriesgado, prescindir de jugadoras como Sonia Bermudez o Vero Boquete, pero Jorge Vilda ha dado un aire diferente y renovador a la selección. Ha sido capaz de mezclar madurez competitiva de jugadoras ya asentadas (Vicky Losada, Marta Torrejon, Jenni, Irene Paredes…) con la ambición y el desparpajo propio de la juventud (Patri Guijarro, Olga García, Bárbara, Amanda Sampedro, Mapi León, Mariona, Alexia Putellas…). De esa mezcla ha salido un cóctel explosivo que va camino de darnos grandes alegrías de aquí en adelante.

Cambio de sistema al 4-3-3

España se ha convertido en una selección que toma el protagonismo con balón en cada partido. El seleccionador ha ido variando los sistemas hasta dar con la clave: del 3-4-3 con el cual jugamos en la Eurocopa, hemos pasado a un 4-3-3 en el que Virginia Torrecilla ha asumido el ancla en el juego español ante la renuncia por motivos personales/laborales de Silvia Meseguer, centrocampista del Atlético.

Con este sistema las laterales han asumido un gran protagonismo ofensivo. Marta Corredera y Mapi Leon dan la amplitud del campo, dando libertad absoluta a las extremos para que decidan si provocar el dos contra uno en banda o, por el contrario, generar superioridades por dentro. Esto hace que el juego español sea de domino y difícil de contrarrestar para las defensas contrarias.

Morder en la presión

Sin embargo, el cambio mas determinante es la transición defensiva. Ese momento en el que hay que decidir qué hacer cuando se pierde balón. España no duda, España muerde cada vez que pierde el balón. Como si perdiese minutos de vida cuando no tiene la posesión. Esa presión inmediata, tan difícil de conseguir e inculcar a las jugadoras, es una de las señas de identidad de este equipo.

Además, la solidez defensiva del equipo ha aumentado: un gol en contra en cinco partidos. Es muy complicado hacerle gol a esta selección, algo clave en este tipo de torneos. Ahora toca certificar el pase y seguir el crecimiento, todavía queda un año y el margen de mejora todavía es enorme, porque este equipo, no tiene techo.

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