Historia del uso de las tarjetas en el fútbol

HISTORIA. Aunque la historia de un deporte como el fútbol hunde sus raíces en la Inglaterra del último tramo del siglo XIX, tuvieron que pasar más de cien años para que los árbitros pudieran amonestar a los jugadores a través de las tarjetas. Ocurrió por primera vez durante la disputa de la Copa del Mundo de México, que organizó la FIFA y que ganó Brasil en 1970.

El antecedente directo ocurrió cuatro años después, concretamente el 23 de julio de 1966, durante la disputa de los cuartos de final del Mundial de Inglaterra de fútbol entre Argentina y el conjunto anfitrión. El árbitro del encuentro, el alemán Rudolf Kreitlein, decidió expulsar al capitán argentino Antonio Rattín por sus continuas protestas y su juego duro. Como colegiado y futbolista hablaban idiomas diferentes, Kreitlein tuvo que recurrir a los gestos para pedir a Rattín que abandonara el campo. Después de varios minutos de diálogo de sordos, Argentina se quedó con un jugador menos e Inglaterra acabó imponiéndose por 1-0.

Antes, tanto en el primer Mundial de fútbol de la historia, Uruguay 1930, como en la cuarta edición del Trofeo Carranza, que se disputó en 1958, dos jugadores, el peruano Galindo y el sevillista Campanal, habían sido expulsados por los árbitros antes de las conclusión de los partidos, aunque sin la existencia de tarjetas.

Pero volvamos a aquel polémico encuentro de Wembley en 1966, ya con la UEFA fundada. El responsable de arbitraje de aquel choque había sido el inglés Keneth George Aston, el verdadero padre de la utilización de las tarjetas en un deporte como el fútbol. Basándose en el sistema cromático de los semáforos (amarillo-precaución, rojo-prohibición), el árbitro Aston pensó en importarlo directamente al terreno del fútbol, el deporte rey, mientras conducía su automóvil por una avenida de Londres. Y así fue.

La primera tarjeta amarilla de la historia la recibió el soviético de origen georgiano Kaji Astiani en el minuto 27 del encuentro inaugural del Mundial México’70 por una entrada dura al azteca Velarde. Ahí empezó una historia que continúa hasta el momento presente.

Tuvieron que pasar cuatro años para que se mostrara la primera tarjeta roja de la historia. Ocurrió en el siguiente Mundial de fútbol, el disputado en Alemania en 1974, cuando el chileno Carlos Caszely, que en ese instante militaba en el Levante español, fue expulsado por el árbitro turco Babacan en el partido el que Chile se medía al conjunto anfitrión del torneo. Se puede catalogar cuando menos de curioso que tanto la primera amarilla como la primera roja de la historia fueran para jugadores de equipos que se medían al equipo anfitrión del Mundial. El deporte rey no escapada a la mancha de los favoritismos.

En la Liga española, y en la mayoría de las confederaciones que conformaban la UEFA, el sistema de tarjetas dio inicio en la temporada 1970/71, justo después de la disputa del último Mundial que ganó Pelé, uno de los mejores jugadores de la historia de este deporte. Pero en nuestro campeonato lo hizo con una connotación muy especial. Durante seis temporadas, hasta la 1976/77, las tarjetas amarillas en España fueron blancas. El motivo hay que encontrarlo en que de esa manera se facilitaba la identificación del color en los partidos televisados. El blanco y negro de aquellos históricos monitores mandaba.

Cuándo usar la tarjeta amarilla en el fútbol

La ley número 12 de las reglas del juego que aplica la FIFA, que también aplica la UEFA, contempla nueve casos concretos en los que un árbitro debe mostrar una tarjeta amarilla. Son las siguientes:
– Ser culpable de conducta antideportiva (entrada temeraria, sujetar a un contrario, tocar el balón con la mano y simular para intentar engañar al árbitro).
– Desaprobar con palabras o acciones.
– Infringir persistentemente las reglas del juego.
– Retardar la reanudación del juego.
– No respetar la distancia reglamentaria en la ejecución de un tiro libre, saque de esquina o saque de banda.
– Entrar o volver a entrar en el terreno de juego sin el permiso del árbitro.
– Abandonar deliberadamente del terreno de juego sin el permiso del árbitro.

Las tarjetas amarillas sólo podrán ser mostradas a los jugadores de cada equipo, ya estén en el terreno de juego o fuera de él. Sin embargo, al resto del staff se les amonestará de manera verbal. En el caso de que un jugador o un miembro de la plantilla vea dos tarjetas amarillas, automáticamente será expulsado después de que el árbitro le muestre la tarjeta roja.

En España, el Comité Técnico de Árbitros sigue los reglamentos del órgano rector del deporte en Europa, la UEFA, y sanciona con un partido de suspensión la acumulación de cartulinas amarillas. Cuando un jugador recibe su quinta tarjeta consecutiva, ha de ser causar baja en el siguiente partido. Una vez superada esa jornada, el futbolista pasa “limpio” para comenzar el siguiente ciclo de amonestaciones. Esto sucede en los mismos términos en la Liga Iberdrola de fútbol femenino. En el caso de la Copa de la Reina, igual que pasa en la Copa del Rey masculina, ese ciclo llega a las tres tarjetas amarillas.

Como norma general y al igual que sucede en otros deportes, en el fútbol femenino español se muestran menos amonestaciones que en el masculino. El jugador más sancionado de la Liga española es el madridista Sergio Ramos, que ya va por las 212 amarillas recibidas, muy por encima de las 162 de Alberto Lopo, las 155 de Fernando Hierro, las 153 que vio David Albelda o las 147 que le fueron mostradas al jugador de Osasuna Patxi Puñal. Salvo Ramos, el resto de los futbolistas citados ya están retirados de los terrenos de juego.

En el último Mundial organizado por la FIFA, el disputado en Rusia el pasado verano, los árbitros mostraron un total de 219 cartulinas amarillas, lo que supuso una media de 3,5 tarjetas por partido. Ese promedio fue sensiblemente menor en la última gran competición femenina organizada por la FIFA. Fue en el Mundial de Canadá, celebrado en 2015 y vencido por Estados Unidos, en el que los árbitros enseñaron una media 2,2 tarjetas amarillas por cada partido.

El fútbol no es el único deporte, ni mucho menos, en el que existen este tipo de amonestaciones. Otros como el balonmano, que cuenta con tarjetas amarillas previas a las exclusiones y rojas después de la tercera exclusión, el fútbol sala o el rugby, también las utilizan.

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